Aceptar la incomodidad puede ayudarte a crecer

Apoyarse en esos sentimientos vulnerables e incómodos podría ayudarnos a mantener la motivación y a avanzar hacia nuestros objetivos.

Hay muchas maneras de buscar consuelo en la vida. Podemos encontrarlo en una ducha caliente, en un abrazo con un gato o en una noche en el sofá sin obligaciones.

Pero según un nuevo estudio, nuestro deseo de comodidad podría estar frenando nuestro crecimiento personal. Si queremos mejorar y alcanzar nuestros objetivos, quizá debamos empezar a buscar activamente la incomodidad.

Las investigadoras Kaitlin Woolley, de la Universidad de Cornell, y Ayelet Fishbach, de la Universidad de Chicago, realizaron cinco experimentos diferentes en los que más de 2.100 personas realizaban actividades de crecimiento personal. Éstas iban desde tomar clases de improvisación hasta llevar un diario sobre sus emociones, pasando por aprender sobre la COVID-19, la violencia armada y los puntos de vista políticos opuestos.

En cada actividad, los investigadores dijeron a algunos participantes que su objetivo era sentirse incómodos y, dependiendo de la actividad, nerviosos, ansiosos o incluso molestos. Se les dijo que superaran su zona de confort y que supieran que sentirse incómodo era una señal de que la actividad estaba funcionando.

A otros participantes no se les dijo que aceptaran la incomodidad, sino que simplemente se concentraron en aprender algo o en notar si el ejercicio estaba funcionando y cómo estaban desarrollando sus habilidades.

Al final, los investigadores descubrieron que las personas que pretendían sentirse incómodas estaban más comprometidas con sus actividades, se sentían más motivadas para seguir haciéndolas y creían haber progresado más hacia sus objetivos en comparación con las que no buscaban este tipo de vulnerabilidad.

Por ejemplo, los estudiantes de improvisación pasaban más tiempo en el escenario y hacían cosas más extrañas. Los que escribían un diario estaban más interesados en escribir otra entrada difícil y emocional en el futuro. Y otras personas estaban más motivadas para leer artículos desafiantes pero informativos: sobre COVID, sobre la violencia armada o de una fuente de noticias que no solían leer, ya fuera el New York Times o Fox News.

«Crecer es a menudo incómodo; descubrimos que abrazar la incomodidad puede ser motivador», escriben Woolley y Ayelet. «La gente debería buscar la incomodidad inherente al crecimiento como una señal de progreso en lugar de evitarla».

Ver la incomodidad como señal de progreso puede ser motivador, creen los investigadores, porque a menudo la vemos como lo contrario: una señal de que hay un problema.

Cuando intentamos hacer algo fuera de nuestra zona de confort -ya sea aprender un idioma, ir a terapia o enfrentarnos a nuestros prejuicios inconscientes-, sentirnos incómodos puede hacernos creer que no estamos hechos para ello. Es posible que hagamos todo lo posible para minimizar nuestra incomodidad, quedándonos atrás y dejando que otros tomen la iniciativa, o manteniendo nuestra mente cerrada a la nueva información provocativa. O puede que simplemente renunciemos.

En cambio, aceptar el malestar convierte lo negativo en una experiencia positiva, una señal de que estamos en el camino correcto y de que lo que sentimos es perfectamente normal. Esto puede abrirnos a tomar más riesgos y a sumergirnos de verdad.

Este estudio está en consonancia con otras investigaciones que sugieren que podemos reformular la forma en que pensamos sobre las experiencias negativas: Cuando reinterpretamos nuestra ansiedad como emoción, cantamos mejor delante de extraños; cuando vemos el estrés como algo que nos ayuda a rendir mejor, lo gestionamos mejor y nos mantenemos abiertos a los comentarios.

Todas estas investigaciones demuestran que quizá estemos juzgando con demasiada dureza experiencias humanas normales como el nerviosismo, el estrés y la incomodidad. Aunque nuestra inclinación sea evitarlas, parece que forman parte de la mejora de las personas y de una vida enriquecedora.

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